Praga es la capital de la República Checa y, con cerca de un millón trescientos mil habitantes, la ciudad más grande del país. Está a orillas del río Vltava y se la llama a menudo «la ciudad dorada» o «la ciudad de las cien torres».
Si tuviera que enseñarle Praga a un amigo español, empezaría por el Castillo de Praga. Es el conjunto de castillo más grande del mundo y la sede del presidente. Allí está también la catedral de San Vito, donde coronaban a los reyes checos. Merece la pena ver el Callejón del Oro, donde según cuentan trabajó Franz Kafka.
Después bajaríamos por Malá Strana hasta el Puente de Carlos. Se construyó en el siglo catorce bajo el emperador Carlos IV y, con sus treinta estatuas, es probablemente el símbolo más conocido de la ciudad.
En la Plaza de la Ciudad Vieja le enseñaría el reloj astronómico. Cada hora en punto aparecen los doce apóstoles. De allí no queda lejos el barrio judío, con la Sinagoga Vieja-Nueva y el antiguo cementerio judío.
Al final iríamos a la Plaza de Wenceslao, donde en 1989 tuvo lugar la Revolución de Terciopelo, y pasaríamos la tarde en una cervecería típica. Praga es preciosa, pero en verano está demasiado llena de turistas; por eso recomendaría venir en primavera o en otoño.