En la República Checa tenemos un clima templado con cuatro estaciones bien diferenciadas. Me gusta, porque cada estación ofrece algo distinto.
La primavera empieza en marzo. Hace más calor, los árboles florecen y los días se alargan. El tiempo, eso sí, es inestable: por la mañana hace sol y por la tarde llueve.
El verano es caluroso y seco, a menudo por encima de los treinta grados. Tenemos dos meses de vacaciones, así que vamos al agua, nadamos y hacemos barbacoas en el jardín. A veces por la noche llega una tormenta con relámpagos y truenos.
El otoño es mi estación preferida. Las hojas se vuelven amarillas y rojas, todavía hace un calor agradable, pero ya no bochorno. En noviembre llega la niebla y el tiempo se vuelve triste.
En invierno, por desgracia, cada vez nieva menos. Cuando era pequeño la nieve duraba semanas y nos tirábamos en trineo. Hoy suele estar solo húmedo y gris. Para mí es la prueba más clara de que el clima está cambiando de verdad.